Hay cafés que son cafés y hay cafés que son portales. Este es del segundo tipo: luz tibia, mesas pequeñas, un mozo que ya lo vio todo (incluyendo cosas que no pasaron) y esa sensación rara de que, si alguien dice “realidad” tres veces seguidas, aparece una ecuación flotando sobre la espuma del capuchino. Yo no creo en esas cosas. O sea: no creo… pero tampoco me apuro en desmentirlas, porque el universo tiene un humor cruel y si lo desafiás en una de esas, se viste de karma y decide darte una lección





