Hoy te pido que me prestes unos minutos. No para resolver una pelea imposible —aunque vamos a usar esa excusa— sino para mirar algo más incómodo y más útil: qué mito nos guía cuando pensamos en esfuerzo, destino y propósito.
Vamos a hablar de dos alienígenas. Dos bebés enviados desde las estrellas, con un detalle superficial en común: una cápsula que cruza el vacío y un niño que cae en la Tierra. Pero ahí se termina la simetría. Porque no llegan por lo mismo, y esa diferencia funda todo lo demás.




