Pantalla partida en dos. Del otro lado, fondo virtual mal puesto, cámara un poco torcida, el típico "¿me escuchás bien?" antes de arrancar. Es una 1:1 agendada como cualquier otra, treinta minutos en el calendario, y en el minuto cinco me tira la pregunta que me tiran todos tarde o temprano:
—¿Qué tengo que hacer para subir de nivel?
Silencio corto. Ese silencio incómodo que solo existe en videollamada, donde no hay mozo que pase ni ruido de fondo que lo tape. Y yo, que en ese momento tengo dos respuestas posibles en la cabeza, elijo la que no debería elegir: le hablo de arquitectura, de sistemas distribuidos, de cuánto impacto tuvo su último diseño. Le doy, en criollo, la respuesta técnica. Porque es la que la empresa espera que le dé.



