Hay una idea que se repite en voz baja, como esas verdades que nadie “discute” pero casi nadie practica: “ser bueno no paga”. Que la bondad es para ingenuos. Que el vivo gana. Que el mundo es una jungla y, si no mordés primero, te muerden.
Y sin embargo… qué curioso: cuando uno mira con un poco más de atención, descubre que muchas de las cosas verdaderamente valiosas en la vida —amistad, confianza, pertenencia, reputación, cultura, comunidad— se construyen con actos de bondad, no con grandes discursos, con acciones.




