Tres voces, un café y una pregunta que nadie quería escuchar
Hay cafés en Buenos Aires que funcionan como agujeros negros del tiempo. Lugares donde el reloj de pared marca las tres y media desde 1987, donde el mozo te dice “ya te traigo” y ese “ya” puede significar cualquier cosa entre treinta segundos y la próxima glaciación. Son cafés donde las conversaciones se apilan en las paredes como capas geológicas de discusiones que nunca se resolvieron.




