Tres días al año la jerarquía se suspende, la geografía se disuelve, y la organización deja ver, sin querer, quién está haciendo el trabajo de la empresa que viene.
Una radiografía no construye nada. Pero deja ver lo que ningún examen físico puede mostrar. Algo parecido pasa con una hackathon en la era de la IA: dejó de ser un evento de creación, y se está volviendo, sin que la mayoría de las empresas se dé cuenta, un instrumento de diagnóstico. Lo más interesante que pasa en setenta y dos horas no es lo que se construye —es lo que la organización, sin querer, deja ver de sí misma.