Hay una escena que se repite hoy en casi cualquier oficina: alguien frente a la pantalla, el cursor titilando en el chat de la IA, y una pregunta muda flotando en el aire — ¿la uso o me la banco solo? Parece una pregunta chica. No lo es. Ahí adentro vive una apuesta, y como toda apuesta, tiene más de una forma de perder.
