¿Te pasó alguna vez de sentir que todo está en pausa? Como si las cosas no avanzaran y el mundo se empeñara en ponerte obstáculos justo cuando menos lo necesitás. En esos momentos, es la esperanza la que aparece. No como un grito, ni como algo estridente, sino como ese susurro que te dice: “Seguí, todavía queda camino.”
La esperanza no es para cualquiera. No es para los que se quedan quietos esperando un milagro. Es para los que caminan, incluso cuando no saben bien hacia dónde. Es ese impulso que tienen quienes no se rinden, quienes confían en que, aunque el presente sea un caos, lo que viene puede ser mejor.