domingo, 26 de abril de 2026

Hablando de monstruos y la IA

 


Hay una escena que se repite todas las mañanas. Abrís el teléfono mientras esperás que cargue la cafetera, y antes del primer sorbo ya tenés tres titulares que te dicen que el mundo se está por terminar. La IA te va a sacar el laburo. La IA te va a comer el cerebro. La IA va a jubilar a los que peinan canas. Y vos ahí, parado en la cocina, con la pava silbando, preguntándote para qué te levantaste.

Pará un poco. Respirá. Sentate.

Consumimos noticias que nos llenan de ansiedad como si fueran galletitas: una atrás de la otra, sin darnos cuenta de que ya nos comimos el paquete entero. El monstruo de turno es la IA. El año pasado fue otra cosa, el que viene será otra. Y mientras tanto, abajo del ruido, el mundo no para de mostrarnos maravillas que no nos damos el tiempo de mirar.

Te propongo algo distinto. Pongamos a estos monstruos en sus cajas, pongámosle el nombre que tengan que tener, y dejemos de creer que todo es un desastre cuando no lo es.

El monstruo de los que recién empiezan

El primer cuco es el más ruidoso. Dice así: "no hay laburo para los pibes porque la IA hace todas las tareas que antes les encargábamos a los pasantes". Y la verdad es que algo de razón tiene. Goldman Sachs calculó que la IA está borrando unos 16.000 puestos netos por mes en Estados Unidos, y los más golpeados son los Gen Z y los entry-level. El hiring entry-level en las 15 tecnológicas más grandes cayó 25% entre 2023 y 2024. Los números son reales. El miedo no es paranoia.

Pero acá viene la trampa: la pregunta vieja era "¿cómo van a aprender los pibes esas tareas si nadie se las encarga?". Y la respuesta nueva es: no las tienen que aprender. Esas tareas pesadas, repetitivas, que nadie quería hacer y que les caían a los recién llegados como rito de iniciación, se hacen solas. El piso del oficio se elevó.

La idea concreta: dejá de pedirle al pibe que aprenda lo que la máquina ya hace, y empezá a pedirle que aprenda a conversar con la máquina. Que sepa cuándo confiar y cuándo dudar de lo que le devuelve. El World Economic Forum lo dice claro: lo que necesitás hoy en un junior no es solo skill técnico, es discernimiento de IA. Saber cuándo es apropiado usarla, cómo cuestionar la salida, cómo mejorar el prompt. Eso no se aprende fotocopiando expedientes ni armando planillas a mano. Se aprende metiéndolo desde el día uno en problemas reales con herramientas reales, al lado de alguien que ya recorrió el camino.

La reflexión: el monstruo no se está comiendo a los que recién empiezan. Se está comiendo el camino viejo por el que entraban. Es cosa nuestra construir el camino nuevo.

El monstruo que te come la mente

El segundo monstruo es más sutil. Te dice al oído: "estás dejando de pensar, estás delegando tu cabeza, te vas a olvidar de todo". Y vos lo escuchás porque algo en eso resuena. Aprendimos a hacer las cosas de forma difícil, porque así generamos más sinapsis, porque recordamos mejor lo que nos cuesta. Es verdad.

Cuando yo era más chico me sabía de memoria los teléfonos de medio barrio. Los marcaba con el dedo en el disco, uno por uno, y la repetición me los grababa en algún rincón. Después llegó la agenda del celular, y un día me di cuenta de que no me sabía ni el número de mi vieja. ¿Me volví más pelotudo? No. Liberé un cajón de la memoria que estaba ocupado guardando nodos numéricos para llamar humanos. Ese cajón ahora guarda otra cosa.

Lo que estamos viviendo es un cambio de época. Antes era imposible saber qué pasaba del otro lado del mundo. Hoy es imposible no saber. Antes para pasar del conocimiento a la rutina necesitábamos un proceso duro, repetir hasta el infinito hasta que la cosa se nos hiciera simple. Ahora la rutina nos llega con la información puesta. El problema no es que no nos esforcemos. El quilombo es que los métodos viejos para aprender ya no sirven, y nos seguimos enojando con los pibes porque no aprenden como aprendíamos nosotros.

La idea concreta: elegí con qué te vas a quedar y con qué no. Yo decido seguir escribiendo a mano cuando quiero pensar despacio, y le pido a la IA que me ordene cuando quiero ir rápido. Decido qué músculos cognitivos quiero entrenar y cuáles delegar. No es todo o nada. Es saber qué hacés en piloto automático y qué hacés a pulmón.

La reflexión: el monstruo no te come la mente. Te ofrece liberar espacio. Vos decidís qué metés en ese espacio nuevo. Si lo llenás de scroll infinito, ahí sí, te ganó. Pero esa decisión es tuya, no de la herramienta.

Y si los pibes la sufren por un lado, hay otro grupo al que lo dan por muerto antes de tiempo: los que ya peinan canas.

El monstruo que jubila a los viejos

El tercer monstruo es el más injusto. Dice: "los viejos ya no sirven, no se adaptan, las cosas cambiaron y ellos siguen con sus formas". Lo dicen los pibes con autosuficiencia, lo repiten los HR con tablas de Excel, y muchos veteranos terminan creyéndoselo y se retiran solos del partido antes del entretiempo.

Todo lo contrario, Juan. Lo viejo funciona. Y funciona más que nunca, porque ahora se puede aumentar.

Treinta años de oficio te dieron algo que ningún modelo de lenguaje tiene: criterio. Sabés cuándo una idea va a chocar contra la realidad antes de que choque. Sabés leer una sala. Sabés que ese cliente que sonríe te va a hacer un quilombo en seis meses. Sabés que esa solución elegante en el papel se va a romper en producción. Eso no se promptea. Eso se vivió.

La idea concreta: si tenés veinte, treinta o más años de carrera, no compitas con la IA en velocidad de output. Vas a perder. Competí en lo que sumás cuando dirigís a la IA: el qué hay que resolver, el por qué, el para quién. Convertite en el que decide, no en el que tipea. Y al lado tuyo, sentá a un pibe digital-native que la maneja con los ojos cerrados. Vos le aportás contexto y criterio. Él te aporta velocidad y soltura. Ese cruce, juntar a los seasoned con los newcomers, es lo que las organizaciones que entendieron el momento ya están haciendo.

La reflexión: el monstruo no jubila a los viejos. Jubila a los viejos que no quieren aprender una cosa más. La experiencia, aumentada con IA y puesta a disposición de las nuevas generaciones, es el activo más caro que hay en el mercado hoy. No te regales.

Y ahora, ¿qué hacemos el lunes?

Hasta acá el diagnóstico. Pero a mí los artículos que solo describen el problema me dejan con la misma ansiedad con la que empecé. Así que te dejo cuatro cosas que podés hacer esta semana, sin importar en qué punto de la carrera estés:

Una. Elegí una tarea repetitiva de tu trabajo que odies, una que te coma una hora por día. Sentate con una IA y pedile que te ayude a resolverla. No para reemplazarte, para devolverte esa hora.

Dos. Si manejás un equipo, mirá tu próxima búsqueda de junior y reescribí el aviso. Sacá los requisitos viejos que la IA ya cubre y agregá los nuevos: capacidad de cuestionar resultados, criterio para validar, comunicación clara. Estás buscando una persona distinta a la que buscabas hace tres años.

Tres. Si sos junior, no esperes que la empresa te enseñe. Aprendé vos. Agarrá un problema que te interese, resolvelo con IA al lado, equivocate, iterá. Mostrá ese laburo. Los empleadores buscan habilidades demostradas, no diplomas con buen GPA.

Cuatro. Si tenés años de oficio, escribí. Bajá a un documento qué sabés vos que no sabe nadie de los que recién empiezan. Eso es oro. Compartilo con tu equipo, con tu red, con quien quieras. Ese conocimiento, sumado a IA, es la palanca más grande que tenés.

Los monstruos viven en la oscuridad. En cuanto les prendés la luz y los nombrás, dejan de ser monstruos. Pasan a ser problemas, que es otra cosa muy distinta. Los problemas se resuelven.


Autor: Fabi Mesaglio



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hablando de monstruos y la IA

  Hay una escena que se repite todas las mañanas. Abrís el teléfono mientras esperás que cargue la cafetera, y antes del primer sorbo ya ten...