Nos pasamos la vida buscando el mapa, cuando lo único que necesitamos es animarnos a perder el equilibrio.
Existe una ironía cruel en la condición humana: somos adictos a complicarnos la vida. Nos fascina creer que, para avanzar, necesitamos certezas absolutas, garantías firmadas ante escribano y un pronóstico del tiempo extendido a diez años. Nos paralizamos esperando el momento perfecto, la señal divina o, peor aún, que desaparezca el miedo.