De ejecutar a pensar: el salto que nadie te enseña
Esta mañana me levanté, llené el termo, cebé el primer mate, me senté frente a la máquina.
Y mis agentes ya habían terminado de trabajar.
No me estaban esperando. No necesitaban que yo llegara. Habían analizado el proyecto, armado un plan, discutido entre ellos, dividido las tareas, las habían ejecutado, testeado, corregido errores, pasado por dos revisiones cruzadas y deployado a producción. Todo eso. Mientras yo dormía.